miércoles, 18 de abril de 2018

Lluvia de amor. Parte II


Parte II



Hacía muchísimo calor.
Ariadna odiaba el verano. De niña nunca le gustó. Quizás por eso era un poco rarita. Era la estación del año en la que metería la cabeza bajo tierra y no la sacaría.
Con un suspiro cogió la toalla, se calzó unas zapatillas playeras y salió al porche.
El atardecer casi caía por encima de la montaña. Era una imagen preciosa. Ariadna se enamoró del paisaje. De la paz y el silencio que rodeaba el valle. Tal vez no había sido tan mala idea que Natalia la obligase a ir. Era un lugar mágico.
Caminó ensimismada contemplando toda la belleza a su alrededor.
En pocos minutos llegó a la orilla del lago. El agua era cristalina, trasparente y pura.
Ariadna depositó la toalla y se descalzó para introducirse en el agua.
Miró la casa que había a la otra orilla del lago. Esa debía ser la vivienda del vecino que mencionó su hermano.
Era un bonito chalet de dos plantas. Al lado tenía su propia embarcadero. Sin duda era lujosa, algo que ella nunca se podría permitir.
Poco a poco se sumergió en el agua. El helor traspasó sus huesos. Un gemido brotó de sus labios. Estaba helada.
Ariadna apenas se dio cuenta que había gritado descontroladamente. Cualquiera que hubiese estado cerca del lugar lo habría interpretado como un grito de auxilio.
Y eso exactamente fue lo que sucedió. De la nada un desconocido se abalanzó veloz sobre el agua. Ariadna gritó aun más asustada ante la aparición de aquel loco que intentaba sacarla del lago. Ella pataleó contra su cuerpo.
El desconocido le habló entre cortados jadeos.
-Tranquila, solo quiero ayudarla.
Ariadna lo miró enfurecida.
-¡Ayudarme, pero si casi me ahoga!
Al fin logró zafarse de sus brazos.
Indignada se sacudió el agua de su pelo y se dirigió a la orilla. El desconocido la siguió.
-¡Fuera!_le gritó histérica sin apenas mirarlo.
-¿Perdón?_preguntó sin entender la fiera actitud de la muchacha.
Iván estaba incrédulo. Él se había lanzado al agua creyendo que necesitaba ayuda y en realidad podía necesitarla ¡aquella chica estaba mal de la cabeza!
Con rabia observó como su carisima ropa de marca chorreaba por todos lados.
Durante un rato se mantuvo quieto mientras la chica se envolvía en su toalla.
Iván la miró de espaldas. Su largo pelo se envolvía sutilmente en su cintura. No supo definir bien su color. Tal vez era parecido al ceniza grisáceo de un cielo de tormenta. Reconoció que estaba fascinado con ella. Tenía un carácter bastante tentador. A él siempre le había gustado jugar con fuego.
Una sonrisa curvó su boca.
Ariadna se giró hacía el desconocido. Entonces comprobó que sus ojos eran de un verde jade capaz de quitarle el hipo.
De repente esos ojos querían asesinarlo. Furiosa se dirigió a él.
-¡Además de loco es también un pervertido!_le lanzó mordaz al ver su mirada clavada en su cuerpo. No pudo evitar sonrojarse. El tipo era muy atractivo. Pero aquella no era la cuestión.
El semblante de Iván se tiñó de sorpresa.
-¿Loco, pervertido? Tan solo intentaba ayudarla_se justificó ante su acusación.
-¿Ah si? Nadie pidió su ayuda_levantó el mentón orgullosa.
Iván chasqueó la lengua, ¡mujeres!
La verdad era que a sus veintiocho años seguía sin comprender la figura femenina. Y mucho menos después de su separación matrimonial.
No había sido fácil su divorcio, no después de haber compartido media vida junto a Seli. Sin embargo un día se dieron cuenta que se acabó el amor. Esas cosas pasan.
Ahora Seli compartía su vida junto a un hombre que la hacía feliz e Iván intentaba que al menos perdurara la amistad entre ambos.
Ante todo quería su felicidad.
Él ya estaba medio acostumbrado al fracaso, ¡amoroso claro está!
Referente a su vida profesional no se podía quejar.
Iván era médico pediatra en un hospital infantil. Le gustaba su trabajo. Pero también añoraba el tener una familia, aunque no estaba cerrado al amor.
Un brillo fugaz surcó sus ojos color chocolate.
Ariadna lo desconcertada.
-¡Fuera de aquí depravado!_le escupió mientras intentaba cubrirse con la toalla.
La paciencia de Iván explotó.
-¡Depra....!_intentó articular incrédulo_Si, mejor me voy_añadió malhumorado.
Ariadna suspiró satisfecha.
Apenas levantó sus ojos cuando el desconocido pasó por su lado impregnando su nariz con su embriagador aroma.

Iván ni tan siquiera se despidió de aquella loca. Aligeró su caminar y se perdió entre la espesa arbolada rumbo a la casa de sus vecinos... Continuará

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Anna Soler Segura

1 comentarios:

Nani Mesa dijo...

Jijijiji, me imagino la cara del pobre Iván, cuando va a socorrerla, pero cuando la vea en casa de sus vecinos jijijiji esa va a ser impresionante 😜

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