Parte
II
Hacía
muchísimo calor.
Ariadna
odiaba el verano. De niña nunca le gustó. Quizás por eso era un
poco rarita. Era la estación del año en la que metería la cabeza
bajo tierra y no la sacaría.
Con
un suspiro cogió la toalla, se calzó unas zapatillas playeras y
salió al porche.
El
atardecer casi caía por encima de la montaña. Era una imagen
preciosa. Ariadna se enamoró del paisaje. De la paz y el silencio
que rodeaba el valle. Tal vez no había sido tan mala idea que
Natalia la obligase a ir. Era un lugar mágico.
Caminó
ensimismada contemplando toda la belleza a su alrededor.
En
pocos minutos llegó a la orilla del lago. El agua era cristalina,
trasparente y pura.
Ariadna
depositó la toalla y se descalzó para introducirse en el agua.
Miró
la casa que había a la otra orilla del lago. Esa debía ser la
vivienda del vecino que mencionó su hermano.
Era
un bonito chalet de dos plantas. Al lado tenía su propia
embarcadero. Sin duda era lujosa, algo que ella nunca se podría
permitir.
Poco
a poco se sumergió en el agua. El helor traspasó sus huesos. Un
gemido brotó de sus labios. Estaba helada.
Ariadna
apenas se dio cuenta que había gritado descontroladamente.
Cualquiera que hubiese estado cerca del lugar lo habría interpretado
como un grito de auxilio.
Y eso
exactamente fue lo que sucedió. De la nada un desconocido se
abalanzó veloz sobre el agua. Ariadna gritó aun más asustada ante
la aparición de aquel loco que intentaba sacarla del lago. Ella
pataleó contra su cuerpo.
El
desconocido le habló entre cortados jadeos.
-Tranquila,
solo quiero ayudarla.
Ariadna
lo miró enfurecida.
-¡Ayudarme,
pero si casi me ahoga!
Al
fin logró zafarse de sus brazos.
Indignada
se sacudió el agua de su pelo y se dirigió a la orilla. El
desconocido la siguió.
-¡Fuera!_le
gritó histérica sin apenas mirarlo.
-¿Perdón?_preguntó
sin entender la fiera actitud de la muchacha.
Iván
estaba incrédulo. Él se había lanzado al agua creyendo que
necesitaba ayuda y en realidad podía necesitarla ¡aquella chica
estaba mal de la cabeza!
Con
rabia observó como su carisima ropa de marca chorreaba por todos
lados.
Durante
un rato se mantuvo quieto mientras la chica se envolvía en su
toalla.
Iván
la miró de espaldas. Su largo pelo se envolvía sutilmente en su
cintura. No supo definir bien su color. Tal vez era parecido al
ceniza grisáceo de un cielo de tormenta. Reconoció que estaba
fascinado con ella. Tenía un carácter bastante tentador. A él
siempre le había gustado jugar con fuego.
Una
sonrisa curvó su boca.
Ariadna
se giró hacía el desconocido. Entonces comprobó que sus ojos eran
de un verde jade capaz de quitarle el hipo.
De
repente esos ojos querían asesinarlo. Furiosa se dirigió a él.
-¡Además
de loco es también un pervertido!_le lanzó mordaz al ver su mirada
clavada en su cuerpo. No pudo evitar sonrojarse. El tipo era muy
atractivo. Pero aquella no era la cuestión.
El
semblante de Iván se tiñó de sorpresa.
-¿Loco,
pervertido? Tan solo intentaba ayudarla_se justificó ante su
acusación.
-¿Ah
si? Nadie pidió su ayuda_levantó el mentón orgullosa.
Iván
chasqueó la lengua, ¡mujeres!
La
verdad era que a sus veintiocho años seguía sin comprender la
figura femenina. Y mucho menos después de su separación
matrimonial.
No
había sido fácil su divorcio, no después de haber compartido media
vida junto a Seli. Sin embargo un día se dieron cuenta que se acabó
el amor. Esas cosas pasan.
Ahora
Seli compartía su vida junto a un hombre que la hacía feliz e Iván
intentaba que al menos perdurara la amistad entre ambos.
Ante
todo quería su felicidad.
Él
ya estaba medio acostumbrado al fracaso, ¡amoroso claro está!
Referente
a su vida profesional no se podía quejar.
Iván
era médico pediatra en un hospital infantil. Le gustaba su trabajo.
Pero también añoraba el tener una familia, aunque no estaba cerrado
al amor.
Un
brillo fugaz surcó sus ojos color chocolate.
Ariadna
lo desconcertada.
-¡Fuera
de aquí depravado!_le escupió mientras intentaba cubrirse con la
toalla.
La
paciencia de Iván explotó.
-¡Depra....!_intentó
articular incrédulo_Si, mejor me voy_añadió malhumorado.
Ariadna
suspiró satisfecha.
Apenas
levantó sus ojos cuando el desconocido pasó por su lado impregnando
su nariz con su embriagador aroma.
Iván
ni tan siquiera se despidió de aquella loca. Aligeró su caminar y
se perdió entre la espesa arbolada rumbo a la casa de sus vecinos... Continuará
Este Relato como todo los texto del blog
esta bajo mi propiedad
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Anna Soler Segura




1 comentarios:
Jijijiji, me imagino la cara del pobre Iván, cuando va a socorrerla, pero cuando la vea en casa de sus vecinos jijijiji esa va a ser impresionante 😜
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