miércoles, 30 de mayo de 2018

Tu cuerpo y el mío

Es perfecta la simetría entre tu boca y la mía,

ese calor ascendente cuando tus labios me besan.
Es perfecta esa similitud de nuestros cuerpos al ritmo de la
luna que nos observa.
Perfecto momento amor y deseo cuando esa mirada
me penetra.
Es perfecta armonía, calma y silencio. 

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Anna Soler Segura

lunes, 21 de mayo de 2018

Lluvia de amor. Parte VII


Parte VII


Fingir durante días fue para Ariadna una verdadera tortura.
Si en algún momento llegó a pensar que Adrián la dejaría tranquila, se equivocó.
Su hermano estuvo pendiente de ella como un guardián.
La cuidó, la mimó, no la perdió de vista.
Incluso Ariadna se sintió agobiada.
Pero la gota que debía colmar el vaso estaba aun por llegar.
Fue el día que Iván celebró su cumpleaños.
Como era normal organizó una gran fiesta, a la cual invitó a sus vecinos y amigos, en especial a Ariadna.
Entre la espada y la pared la joven no tuvo otra opción que mentir a su hermano diciéndole que iría, lógicamente no pensaba acudir ni loca.
Cuando Adrián regresó de la fiesta estaba enfurecido.
No podía creer que Ari le hubiese dejado en tan mala situación.
Estaba abochornado.
Como un huracán entró al salón contemplando iracundo a su hermana.
-¡Que te ocurre Ari!_le gritó histérico.
Ella lo miró inmune.
-¿A que te refieres?
-¡Ohhhh!_explotó_no te hagas la tonta_replicó enfadado_me has hecho quedar mal delante de Iván.
Ariadna se encogió de hombros.
Aunque en el fondo se sintió dolida de ver a Adrián tan enfadado se excusó de forma ingenua.
-Al final tuve un dolor horroroso de cabeza y me tumbé en el sofá, luego me dormí y bueno....
-Eres increíble Ari_le sopló su hermano incrédulo_no me puedo creer que de nuevo me intentes engañar...
Ella abrió los ojos desmesurada.
-Lo se todo, se que me engañaste para no ir a la excursión, y ahora...ahora me humillas delante de mi amigo.
-Yo-o-o
-¡Déjalo!_le gritó_¿sabes? Iván es el tío más estupendo y legal que conozco.
Adrián avanzó unos pasos y se giró.
-No te merece_siseó entre dientes.
Ariadna dio un respingo. Entonces se levantó con rapidez y alcanzó a su hermano.
-¿Que te ha dicho de mi?_quiso saber exasperada.
Adrián la miró resignado.
-Iván solo sabe hablar cosas bonitas de ti. Esta muy enamorado.
-¿En-a-am-o-o-rado?_tartamudeó ocultando su nerviosismo.
-Si, enamorado, pero tu no cambiarás, ¿verdad?
Ariadna titubeó incomoda.
-Ven_le indicó para que se sentara en el sofá.
-¿Que ocurre?_preguntó extrañado.
-Creo que empiezo a sentir algo por Iván.
-¿Amor?
-Puede_reconoció avergonzada.
-¡Eso es maravilloso!_se alegró Adrián.
Ella negó con la cabeza.
-No, no lo es.
-¿Por qué?
-Tengo miedo.
-¡Oh Ari, mi niña bella!_la besó con fervor sobre la frente_no debes tener miedo, Iván no es como ese cabrón de M....
-Calla_le rogó_no lo digas.
Adrián sonrió ante el genio de su hermana.
-¿Y como esta Iván?
-Dolido_le recriminó en sus palabras.
-¿Tu crees que debería hablar con él y contarle lo que estoy sintiendo?
-Es lo mejor_la apretujó contra su pecho_pero date prisa, mañana se marcha a la ciudad.

Ariadna asintió energéticamente y siguió abrazada a su hermano largo rato... Continuará
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martes, 15 de mayo de 2018

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lunes, 14 de mayo de 2018

Lluvia de amor. Parte VI



Parte VI


Cerca del amanecer, y tras comprobar que Iván dormía, Ariadna abandonó a hurtadillas el domicilio cuan ladrón a media noche.
De aquella horripilante manera se sintió la joven tras comprobar que hacer el amor con Iván había sido un equivoco.
No hubo notas.
No hubo adiós, tan solo huyó por la puerta.
Lo que empezaba a sentir por Iván era mucho más fuerte que una atracción pasajera.
Ariadna jamás se había entregado a un hombre de esa forma tan desenfrenada, ni tan siquiera con Marcos, claro, que este había sido un gay sin salir aun del armario.
“No es excusa”se recriminó a si misma.
Iván se estaba colando poco a poco en su corazón y ella no estaba preparada.
¿Que podía hacer?
Tenía que alejarse de él.
No verlo.
No hablarle.
No tocarle.
Pero aquello le resultaría difícil mientras su estancia durase en aquel lugar.
Ariadna se dejó caer sobre la cama.
Tenía un conflicto interior que la hizo llorar de rabia.
De momento no sabía que haría exactamente para huir de él.
Lo primero sería encerrarse en su habitación y no ir mañana a esa estúpida excursión en barco.
Tenía que hacer creer a su hermano que estaba enferma y que no podría levantarse de la cama en días.
En principio no parecía difícil, pero Adrián siempre había sido un poco incrédulo y casi siempre terminaba pillándola en la mentira.
Ariadna se convenció de que está vez daría resultado su método.
Así que tendría que currarse el papel de enfermita.
Al día siguiente su hermano acudió a su habitación preocupado por su ausencia durante el desayuno.
-¿Estas enferma?_le preguntó escéptico.
Ariadna fingió toser agudamente.
-Si, debe ser que me he enfriado un poco_mintió.
-¿Que te duele exactamente?
-¡Todo!_exageró con voz débil.
Adrián la miró extrañado.
-Llamaré al doctor.
-¡No! No hace falta, un par de días en cama y estaré mejor_trató de convencerlo.
-¿Y que pasa con la excursión?
A Ariadna se le daba bien poner carita de niña buena.
-Ir vosotros, por favor, no quiero estropearos el día.
-¿Seguro?
En su interior sonrió al oír la pregunta de Adrián.
-Si.
Su hermano pareció confiarse.
En realidad tenía muchas ganas de pasear en barco.
Besó a Ariadna en la frente y le hizo prometer que lo avisaría al móvil si algo iba mal.
Ella asintió ocultando su alivio.
Cuando su hermano cerró la puerta de la habitación, Ariadna soltó el aire acumulado en sus pulmones.
Saltó de la alegría sobre el colchón.
Era cobarde, lo sabía.
Pero su instinto herido le gritaba que era mejor de esa manera.
Al escuchar las voces en el porche reconoció entre ellas la de Iván.
Era dulce, aterciopelada y profunda.
Un fuerte escalofrío la traspasó.
¿Podía en verdad estar enamorándose de Iván?
Dejó escapar un suspiro al tiempo que con sigilo se asomaba por la ventana.
Su hermano, Natalia e Iván estaban junto al embarcadero.
Un amago de impotencia la hizo castañear los dientes.
El pequeño velero los esperaba para soltar amarras.
Iván fue el último en subir a la embarcación tras arriar el último cabo.
En verdad había estado esperando un milagro.
No se había creído la repentina enfermedad de Ariadna, no después de la noche apasionada que había compartido entre sus brazos.
Adrián se lo podía haber tragado, pero él no.
Conocía perfectamente los motivos de la joven para no acudir a la excursión.
Iván se maldijo entre dientes, quizás tenía que haber actuado de otra manera menos arrebatadora.
Lo que sentía hacía Ariadna no era algo pasajero, ni una aventurilla de verano. Seriamente empezaba a pensar en ella como un hombre enamorando.
Pero tristemente no dejaba que se lo demostrase.
No la culpaba.
Era la historia de su vida.
Echó un último vistazo antes de desatar la cuerda buscando algún rastro de la joven.
Subió a la embarcación y ocupó su lugar junto al timón... Continuará 
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viernes, 11 de mayo de 2018

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#Romance #Amor

miércoles, 9 de mayo de 2018

Me gustaría

Me gustaría ser gota para resbalar por tu piel, para sentir tu
respiración, para tenerte cerca de mi corazón.
Me gustaría ser esa lluvia que moja tu rostro de miel, ser ese momento entre tus ojos y mi alma, cuan enamorada espera un suspiro de ti.
Me gustaría ser esa parte de ti.

Lluvia de amor. Parte V

Parte V


Ariadna se quedó aturdida cuando recibió aquellos sedosos y calientes labios sobre los suyos.
No tuvo tiempo de reaccionar.
La lengua de Iván penetró en su boca con posesión.
Ariadna sintió flaquear sus piernas.
Un leve temblor de placer le recorrió hasta la medula. Enredó sus brazos al cuello de Iván y profundizó el beso.
El éxtasis emanó en su interior como una rica fuente de chocolate, dulce, empalagoso y deliciosamente tentador.
Perdió el sentido.
No supo cual era su norte ni su sur.
Tan solo importaba aquellas sensaciones que despertaba en ella ese hombre.
Iván la rodeó por la cintura apresándola bajo su abrazo arrollador.
Temía que escapase.
Y él no quería que
eso ocurriera.
Hacía mucho, pero mucho tiempo que no sentía una pasión tan devastadora por ninguna mujer.
La deseaba.
Necesitaba hacerla suya.
Sentir que gozaba bajo su cuerpo.
Ariadna se dejó envolver por el deseo.
Iván la alzó en sus brazos y la condujo hasta el salón.
El acogedor calor penetró en ella como pólvora.
Él siguió desnudándola sin control.
La tumbó sobre la alfombra ejerciendo posesión en ella.
Iván se recostó a su lado.
La urgencia lo devoró por completo.
Ariadna era tan cálida, tan sugerente, pura mantequilla en sus manos.
Su fino vestido de muselina quedó a un lado dejando al descubierto su sedosa y blanca piel.
Un poco avergonzada se intentó tapar ante los devastadores ojos del hombre, pero Iván rió con suavidad.
No estaba dispuesto a privarse de unas vistas tan hermosas.
Lentamente empezó a acariciar su pezón derecho.
Ariadna gimió de placer cuando su lengua lo lamió haciendo círculos alrededor de su aureola.
Un brillo de éxtasis cubrió la mirada de Iván.
Entonces sus dedos descendieron por su pecho llegando a la colina de sus caderas
Durante unos segundos jugueteó en el vértice de su ombligo.
Eso la enloqueció.
Ariadna se arqueó deseosa contra su miembro.
El frenesí se derramaba caliente en su entrepierna.
Iván detectó el calor.
Sonrió satisfecho.
Pero aun no había llegado la hora de que sus cuerpos formasen parte de un mismo ser.
Con su lengua ardiente acarició su abdomen.
Ariadna recibió la caricia extasiada.
Entonces desabrochó los pantalones de Iván y liberó su abultado miembro.
El hombre dejó escapar un suspiro de placer.
Después lo despojó de su camisa.
Su pecho quedó desnudo, completamente sensual y Ariadna fue ahora la dueña de las caricias.
Tomó el control de la situación.
Iván se dejó llevar.
Flotó en una nube mientras ella le hacía tocar el paraíso con las manos.
No aguantaría mucho más aquella dulce tortura sin penetrarla.
Se colocó encima con suavidad mientras la besaba.
Ariadna se arqueó para recibir su primera embestida.
Su jugo se mezcló con el deseo palpitante que anidaba en su monte venus.
Gritó clavando sus uñas en la espalda del hombre.
Iván la tomó salvajemente mientras ella se perdía en una explosión de calor y ardor.
Ambos llegaron al clímax extasiados y rendidos a la pasión.

Había sido una unión maravillosa, como una mágica lluvia de amor inundando sus corazones... Continuará

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domingo, 6 de mayo de 2018

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viernes, 4 de mayo de 2018

Lluvia de amor. Parte IV


Parte IV





Iván tenía algo que la abrumaba y desconcertaba.

Olía a problemas y ella huía cuando descubría a su corazón en peligro.

Tras la extraña presentación los cuatro cenaron en buena armonía.

Ariadna se asombró ante el carismático humor de Iván.

Fingía observar su plato, pero en realidad lo observaba por el rabillo del ojo.

La velada fue muy amena y al final todos se divirtieron con la cena organizada por su hermano.

Iván tampoco podía concentrarse en nada teniendo tan cerca de él a Ariadna.

La despedida llegó rozando la media noche.

Adrián estaba muy contento y satisfecho. Al final parecía haber olvidado el enfado con su hermana.

Iván los invitó al día siguiente a navegar por el lago en su pequeño yate, y Natalia se mostró entusiasta con la idea.

-Entonces quedamos, ¿no?

Iván fijó sus ojos en ella.

Ariadna se ruborizó.

-Si, si, claro_dijo Adrián despidiéndolo en el porche.

El calor sofocó durante toda la noche a Ariadna. En realidad no quería reconocer que no podía ni quería dejar de pensar en Iván.

Él ocupaba gran parte de sus pensamientos.

De un lado a otro caminó en la habitación.

Se acercó hasta el alfeizar de la ventana y se sentó con las piernas colgando hacía fuera.

La brisa acarició con ternura su rostro. Pero no logró relajarse.

Desde allí se observaba la casa de Iván.

Ariadna comprobó que había luz en una de las habitaciones.

Era una locura lo que estaba pensando.

Se bajó de golpe del alfeizar y caminó veloz hacía la puerta.

Tenía que hablar con él.

Un instinto le nació en lo hondo de su ser.

Con sigilo abandonó la habitación.

En menos de un minutó cruzó el salón y se encontró en el porche.

Observó la noche cerrada.

La luna apenas era un claro sobre el agua del lago.

Ariadna caminó decidida por la pasarela del embarcadero, avanzó varios pasos y allí estaba, frente a la puerta de su vecino, un tipo de lo demás peculiar al que al principio había odiado con todas sus fuerzas.

Eso había sido antes de comprobar que Iván la había defendido guardando silencio sobre el fatal incidente en el lago.

Ni una sola palabra había soltado que la hubiese podido comprometer ni avergonzar delante de Natalia y Adrián.

Iván parecía totalmente distinto a cualquier hombre que ella había conocido.

Mantenía el tipo, y parecía honesto. Y eso añadido a su imponente físico, le hacía tiritar hasta la médula.

¡Era extremadamente apuesto! Y su carisma no pasaba inadvertido.

Alargó el brazo y apretando los nudillos tocó repetidas veces sobre la puerta.

Los segundos se hicieron eternos en la cabeza de Ariadna.

Entonces escuchó pasos y una luz se encendió en el recibidor.

En aquel momento se arrepintió de su impulso. Hubiese deseado correr, pero ya era tarde.

La puerta se abrió ante la atónita mirada de Iván.

-¡Ariadna!

Ella suspiró. ¡Que bien sonaba su nombre en sus labios!

-Hola_lo saludó tímidamente.

-¿Qué haces aquí?_le preguntó extrañado_¿ha pasado algo?

-¡No!_repuso de inmediato aliviando su angustia.

Iván la siguió mirando con sus bonitos ojos penetrantes.

-¿Entonces...?_inquirió.

-Y-o-o_repuso Ariadna avergonzada_necesitaba hablar contigo.

Él arqueó una ceja a modo de sorpresa.

-¿Hablar? ¿Conmigo?

-Sí_reconoció_no me mires como a una loca.

Iván casi se echó a reír.

-Son las dos de la madrugada, te presentas aquí diciéndome esto, ¿y quieres qué no piense qué estás loca?

-¡No lo estoy!_afirmó con ímpetu.

Él se dio por vencido. Ariadna le gustaba y mucho. Lo supo en cuanto la vio nadar desnuda en el lago.

Pero era una chica de mucho carácter, y él desgraciadamente ya estaba escarmentado.

-Está bien, ¿de qué quieres hablar?

Sutilmente dejó caer el peso de su cuerpo sobre el marco de la puerta.

En aquella postura estaba francamente atractivo.

Ariadna tragó saliva con dificultad.

-Quería pedirte disculpas y darte las gracias por no decirle nada a mi hermano.

-¿Y qué exactamente NO debía decirle?_alardeó Iván con sorna.

Incómoda miró hacía el suelo.

-Ya lo sabes.

-No, no lo sé_mintió mientras le levantaba el mentón con un suave gesto que erizó la piel de la joven.

-No me hagas recordarlo_le rogó.

-¿Recordar qué? _ se acercó peligrosamente a ella.

Iván acercó sus labios a los suyos y los besó en un impulso incontrolado que le nació del alma.

Ella tembló de deseo. ¡Iván besaba muy bien! Continuará...


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