viernes, 4 de mayo de 2018

Lluvia de amor. Parte IV


Parte IV





Iván tenía algo que la abrumaba y desconcertaba.

Olía a problemas y ella huía cuando descubría a su corazón en peligro.

Tras la extraña presentación los cuatro cenaron en buena armonía.

Ariadna se asombró ante el carismático humor de Iván.

Fingía observar su plato, pero en realidad lo observaba por el rabillo del ojo.

La velada fue muy amena y al final todos se divirtieron con la cena organizada por su hermano.

Iván tampoco podía concentrarse en nada teniendo tan cerca de él a Ariadna.

La despedida llegó rozando la media noche.

Adrián estaba muy contento y satisfecho. Al final parecía haber olvidado el enfado con su hermana.

Iván los invitó al día siguiente a navegar por el lago en su pequeño yate, y Natalia se mostró entusiasta con la idea.

-Entonces quedamos, ¿no?

Iván fijó sus ojos en ella.

Ariadna se ruborizó.

-Si, si, claro_dijo Adrián despidiéndolo en el porche.

El calor sofocó durante toda la noche a Ariadna. En realidad no quería reconocer que no podía ni quería dejar de pensar en Iván.

Él ocupaba gran parte de sus pensamientos.

De un lado a otro caminó en la habitación.

Se acercó hasta el alfeizar de la ventana y se sentó con las piernas colgando hacía fuera.

La brisa acarició con ternura su rostro. Pero no logró relajarse.

Desde allí se observaba la casa de Iván.

Ariadna comprobó que había luz en una de las habitaciones.

Era una locura lo que estaba pensando.

Se bajó de golpe del alfeizar y caminó veloz hacía la puerta.

Tenía que hablar con él.

Un instinto le nació en lo hondo de su ser.

Con sigilo abandonó la habitación.

En menos de un minutó cruzó el salón y se encontró en el porche.

Observó la noche cerrada.

La luna apenas era un claro sobre el agua del lago.

Ariadna caminó decidida por la pasarela del embarcadero, avanzó varios pasos y allí estaba, frente a la puerta de su vecino, un tipo de lo demás peculiar al que al principio había odiado con todas sus fuerzas.

Eso había sido antes de comprobar que Iván la había defendido guardando silencio sobre el fatal incidente en el lago.

Ni una sola palabra había soltado que la hubiese podido comprometer ni avergonzar delante de Natalia y Adrián.

Iván parecía totalmente distinto a cualquier hombre que ella había conocido.

Mantenía el tipo, y parecía honesto. Y eso añadido a su imponente físico, le hacía tiritar hasta la médula.

¡Era extremadamente apuesto! Y su carisma no pasaba inadvertido.

Alargó el brazo y apretando los nudillos tocó repetidas veces sobre la puerta.

Los segundos se hicieron eternos en la cabeza de Ariadna.

Entonces escuchó pasos y una luz se encendió en el recibidor.

En aquel momento se arrepintió de su impulso. Hubiese deseado correr, pero ya era tarde.

La puerta se abrió ante la atónita mirada de Iván.

-¡Ariadna!

Ella suspiró. ¡Que bien sonaba su nombre en sus labios!

-Hola_lo saludó tímidamente.

-¿Qué haces aquí?_le preguntó extrañado_¿ha pasado algo?

-¡No!_repuso de inmediato aliviando su angustia.

Iván la siguió mirando con sus bonitos ojos penetrantes.

-¿Entonces...?_inquirió.

-Y-o-o_repuso Ariadna avergonzada_necesitaba hablar contigo.

Él arqueó una ceja a modo de sorpresa.

-¿Hablar? ¿Conmigo?

-Sí_reconoció_no me mires como a una loca.

Iván casi se echó a reír.

-Son las dos de la madrugada, te presentas aquí diciéndome esto, ¿y quieres qué no piense qué estás loca?

-¡No lo estoy!_afirmó con ímpetu.

Él se dio por vencido. Ariadna le gustaba y mucho. Lo supo en cuanto la vio nadar desnuda en el lago.

Pero era una chica de mucho carácter, y él desgraciadamente ya estaba escarmentado.

-Está bien, ¿de qué quieres hablar?

Sutilmente dejó caer el peso de su cuerpo sobre el marco de la puerta.

En aquella postura estaba francamente atractivo.

Ariadna tragó saliva con dificultad.

-Quería pedirte disculpas y darte las gracias por no decirle nada a mi hermano.

-¿Y qué exactamente NO debía decirle?_alardeó Iván con sorna.

Incómoda miró hacía el suelo.

-Ya lo sabes.

-No, no lo sé_mintió mientras le levantaba el mentón con un suave gesto que erizó la piel de la joven.

-No me hagas recordarlo_le rogó.

-¿Recordar qué? _ se acercó peligrosamente a ella.

Iván acercó sus labios a los suyos y los besó en un impulso incontrolado que le nació del alma.

Ella tembló de deseo. ¡Iván besaba muy bien! Continuará...


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Anna Soler Segura

1 comentarios:

Nani Mesa dijo...

Ohhh, y ahora me quedo esperando una semana???? Ainsss por dios!!!😂😂😂 Cada vez mas interesante 😍

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