Parte
IV
Iván
tenía algo que la abrumaba y desconcertaba.
Olía
a problemas y ella huía cuando descubría a su corazón en peligro.
Tras
la extraña presentación los cuatro cenaron en buena armonía.
Ariadna
se asombró ante el carismático humor de Iván.
Fingía
observar su plato, pero en realidad lo observaba por el rabillo del
ojo.
La
velada fue muy amena y al final todos se divirtieron con la cena
organizada por su hermano.
Iván
tampoco podía concentrarse en nada teniendo tan cerca de él a
Ariadna.
La
despedida llegó rozando la media noche.
Adrián
estaba muy contento y satisfecho. Al final parecía haber olvidado el
enfado con su hermana.
Iván
los invitó al día siguiente a navegar por el lago en su pequeño
yate, y Natalia se mostró entusiasta con la idea.
-Entonces
quedamos, ¿no?
Iván
fijó sus ojos en ella.
Ariadna
se ruborizó.
-Si,
si, claro_dijo Adrián despidiéndolo en el porche.
El
calor sofocó durante toda la noche a Ariadna. En realidad no quería
reconocer que no podía ni quería dejar de pensar en Iván.
Él
ocupaba gran parte de sus pensamientos.
De
un lado a otro caminó en la habitación.
Se
acercó hasta el alfeizar de la ventana y se sentó con las piernas
colgando hacía fuera.
La
brisa acarició con ternura su rostro. Pero no logró relajarse.
Desde
allí se observaba la casa de Iván.
Ariadna
comprobó que había luz en una de las habitaciones.
Era
una locura lo que estaba pensando.
Se
bajó de golpe del alfeizar y caminó veloz hacía la puerta.
Tenía
que hablar con él.
Un
instinto le nació en lo hondo de su ser.
Con
sigilo abandonó la habitación.
En
menos de un minutó cruzó el salón y se encontró en el porche.
Observó
la noche cerrada.
La
luna apenas era un claro sobre el agua del lago.
Ariadna
caminó decidida por la pasarela del embarcadero, avanzó varios
pasos y allí estaba, frente a la puerta de su vecino, un tipo de lo
demás peculiar al que al principio había odiado con todas sus
fuerzas.
Eso
había sido antes de comprobar que Iván la había defendido
guardando silencio sobre el fatal incidente en el lago.
Ni
una sola palabra había soltado que la hubiese podido comprometer ni
avergonzar delante de Natalia y Adrián.
Iván
parecía totalmente distinto a cualquier hombre que ella había
conocido.
Mantenía
el tipo, y parecía honesto. Y eso añadido a su imponente físico,
le hacía tiritar hasta la médula.
¡Era
extremadamente apuesto! Y su carisma no pasaba inadvertido.
Alargó
el brazo y apretando los nudillos tocó repetidas veces sobre la
puerta.
Los
segundos se hicieron eternos en la cabeza de Ariadna.
Entonces
escuchó pasos y una luz se encendió en el recibidor.
En
aquel momento se arrepintió de su impulso. Hubiese deseado correr,
pero ya era tarde.
La
puerta se abrió ante la atónita mirada de Iván.
-¡Ariadna!
Ella
suspiró. ¡Que bien sonaba su nombre en sus labios!
-Hola_lo
saludó tímidamente.
-¿Qué
haces aquí?_le preguntó extrañado_¿ha pasado algo?
-¡No!_repuso
de inmediato aliviando su angustia.
Iván
la siguió mirando con sus bonitos ojos penetrantes.
-¿Entonces...?_inquirió.
-Y-o-o_repuso
Ariadna avergonzada_necesitaba hablar contigo.
Él
arqueó una ceja a modo de sorpresa.
-¿Hablar?
¿Conmigo?
-Sí_reconoció_no
me mires como a una loca.
Iván
casi se echó a reír.
-Son
las dos de la madrugada, te presentas aquí diciéndome esto, ¿y
quieres qué no piense qué estás loca?
-¡No
lo estoy!_afirmó con ímpetu.
Él
se dio por vencido. Ariadna le gustaba y mucho. Lo supo en cuanto la
vio nadar desnuda en el lago.
Pero
era una chica de mucho carácter, y él desgraciadamente ya estaba
escarmentado.
-Está
bien, ¿de qué quieres hablar?
Sutilmente
dejó caer el peso de su cuerpo sobre el marco de la puerta.
En
aquella postura estaba francamente atractivo.
Ariadna
tragó saliva con dificultad.
-Quería
pedirte disculpas y darte las gracias por no decirle nada a mi
hermano.
-¿Y
qué exactamente NO debía decirle?_alardeó Iván con sorna.
Incómoda
miró hacía el suelo.
-Ya
lo sabes.
-No,
no lo sé_mintió mientras le levantaba el mentón con un suave gesto
que erizó la piel de la joven.
-No
me hagas recordarlo_le rogó.
-¿Recordar
qué? _ se acercó peligrosamente a ella.
Iván
acercó sus labios a los suyos y los besó en un impulso incontrolado
que le nació del alma.
Ella
tembló de deseo. ¡Iván besaba muy bien! Continuará...
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Anna Soler Segura




1 comentarios:
Ohhh, y ahora me quedo esperando una semana???? Ainsss por dios!!!😂😂😂 Cada vez mas interesante 😍
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