miércoles, 9 de mayo de 2018

Lluvia de amor. Parte V

Parte V


Ariadna se quedó aturdida cuando recibió aquellos sedosos y calientes labios sobre los suyos.
No tuvo tiempo de reaccionar.
La lengua de Iván penetró en su boca con posesión.
Ariadna sintió flaquear sus piernas.
Un leve temblor de placer le recorrió hasta la medula. Enredó sus brazos al cuello de Iván y profundizó el beso.
El éxtasis emanó en su interior como una rica fuente de chocolate, dulce, empalagoso y deliciosamente tentador.
Perdió el sentido.
No supo cual era su norte ni su sur.
Tan solo importaba aquellas sensaciones que despertaba en ella ese hombre.
Iván la rodeó por la cintura apresándola bajo su abrazo arrollador.
Temía que escapase.
Y él no quería que
eso ocurriera.
Hacía mucho, pero mucho tiempo que no sentía una pasión tan devastadora por ninguna mujer.
La deseaba.
Necesitaba hacerla suya.
Sentir que gozaba bajo su cuerpo.
Ariadna se dejó envolver por el deseo.
Iván la alzó en sus brazos y la condujo hasta el salón.
El acogedor calor penetró en ella como pólvora.
Él siguió desnudándola sin control.
La tumbó sobre la alfombra ejerciendo posesión en ella.
Iván se recostó a su lado.
La urgencia lo devoró por completo.
Ariadna era tan cálida, tan sugerente, pura mantequilla en sus manos.
Su fino vestido de muselina quedó a un lado dejando al descubierto su sedosa y blanca piel.
Un poco avergonzada se intentó tapar ante los devastadores ojos del hombre, pero Iván rió con suavidad.
No estaba dispuesto a privarse de unas vistas tan hermosas.
Lentamente empezó a acariciar su pezón derecho.
Ariadna gimió de placer cuando su lengua lo lamió haciendo círculos alrededor de su aureola.
Un brillo de éxtasis cubrió la mirada de Iván.
Entonces sus dedos descendieron por su pecho llegando a la colina de sus caderas
Durante unos segundos jugueteó en el vértice de su ombligo.
Eso la enloqueció.
Ariadna se arqueó deseosa contra su miembro.
El frenesí se derramaba caliente en su entrepierna.
Iván detectó el calor.
Sonrió satisfecho.
Pero aun no había llegado la hora de que sus cuerpos formasen parte de un mismo ser.
Con su lengua ardiente acarició su abdomen.
Ariadna recibió la caricia extasiada.
Entonces desabrochó los pantalones de Iván y liberó su abultado miembro.
El hombre dejó escapar un suspiro de placer.
Después lo despojó de su camisa.
Su pecho quedó desnudo, completamente sensual y Ariadna fue ahora la dueña de las caricias.
Tomó el control de la situación.
Iván se dejó llevar.
Flotó en una nube mientras ella le hacía tocar el paraíso con las manos.
No aguantaría mucho más aquella dulce tortura sin penetrarla.
Se colocó encima con suavidad mientras la besaba.
Ariadna se arqueó para recibir su primera embestida.
Su jugo se mezcló con el deseo palpitante que anidaba en su monte venus.
Gritó clavando sus uñas en la espalda del hombre.
Iván la tomó salvajemente mientras ella se perdía en una explosión de calor y ardor.
Ambos llegaron al clímax extasiados y rendidos a la pasión.

Había sido una unión maravillosa, como una mágica lluvia de amor inundando sus corazones... Continuará

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Anna Soler Segura

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