lunes, 14 de mayo de 2018

Lluvia de amor. Parte VI



Parte VI


Cerca del amanecer, y tras comprobar que Iván dormía, Ariadna abandonó a hurtadillas el domicilio cuan ladrón a media noche.
De aquella horripilante manera se sintió la joven tras comprobar que hacer el amor con Iván había sido un equivoco.
No hubo notas.
No hubo adiós, tan solo huyó por la puerta.
Lo que empezaba a sentir por Iván era mucho más fuerte que una atracción pasajera.
Ariadna jamás se había entregado a un hombre de esa forma tan desenfrenada, ni tan siquiera con Marcos, claro, que este había sido un gay sin salir aun del armario.
“No es excusa”se recriminó a si misma.
Iván se estaba colando poco a poco en su corazón y ella no estaba preparada.
¿Que podía hacer?
Tenía que alejarse de él.
No verlo.
No hablarle.
No tocarle.
Pero aquello le resultaría difícil mientras su estancia durase en aquel lugar.
Ariadna se dejó caer sobre la cama.
Tenía un conflicto interior que la hizo llorar de rabia.
De momento no sabía que haría exactamente para huir de él.
Lo primero sería encerrarse en su habitación y no ir mañana a esa estúpida excursión en barco.
Tenía que hacer creer a su hermano que estaba enferma y que no podría levantarse de la cama en días.
En principio no parecía difícil, pero Adrián siempre había sido un poco incrédulo y casi siempre terminaba pillándola en la mentira.
Ariadna se convenció de que está vez daría resultado su método.
Así que tendría que currarse el papel de enfermita.
Al día siguiente su hermano acudió a su habitación preocupado por su ausencia durante el desayuno.
-¿Estas enferma?_le preguntó escéptico.
Ariadna fingió toser agudamente.
-Si, debe ser que me he enfriado un poco_mintió.
-¿Que te duele exactamente?
-¡Todo!_exageró con voz débil.
Adrián la miró extrañado.
-Llamaré al doctor.
-¡No! No hace falta, un par de días en cama y estaré mejor_trató de convencerlo.
-¿Y que pasa con la excursión?
A Ariadna se le daba bien poner carita de niña buena.
-Ir vosotros, por favor, no quiero estropearos el día.
-¿Seguro?
En su interior sonrió al oír la pregunta de Adrián.
-Si.
Su hermano pareció confiarse.
En realidad tenía muchas ganas de pasear en barco.
Besó a Ariadna en la frente y le hizo prometer que lo avisaría al móvil si algo iba mal.
Ella asintió ocultando su alivio.
Cuando su hermano cerró la puerta de la habitación, Ariadna soltó el aire acumulado en sus pulmones.
Saltó de la alegría sobre el colchón.
Era cobarde, lo sabía.
Pero su instinto herido le gritaba que era mejor de esa manera.
Al escuchar las voces en el porche reconoció entre ellas la de Iván.
Era dulce, aterciopelada y profunda.
Un fuerte escalofrío la traspasó.
¿Podía en verdad estar enamorándose de Iván?
Dejó escapar un suspiro al tiempo que con sigilo se asomaba por la ventana.
Su hermano, Natalia e Iván estaban junto al embarcadero.
Un amago de impotencia la hizo castañear los dientes.
El pequeño velero los esperaba para soltar amarras.
Iván fue el último en subir a la embarcación tras arriar el último cabo.
En verdad había estado esperando un milagro.
No se había creído la repentina enfermedad de Ariadna, no después de la noche apasionada que había compartido entre sus brazos.
Adrián se lo podía haber tragado, pero él no.
Conocía perfectamente los motivos de la joven para no acudir a la excursión.
Iván se maldijo entre dientes, quizás tenía que haber actuado de otra manera menos arrebatadora.
Lo que sentía hacía Ariadna no era algo pasajero, ni una aventurilla de verano. Seriamente empezaba a pensar en ella como un hombre enamorando.
Pero tristemente no dejaba que se lo demostrase.
No la culpaba.
Era la historia de su vida.
Echó un último vistazo antes de desatar la cuerda buscando algún rastro de la joven.
Subió a la embarcación y ocupó su lugar junto al timón... Continuará 
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Anna Soler Segura

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